Vidas robadas en Auschwitz. La familia Haberfeld.

Propietarios de la Fábrica de Licores y Vodka Jakob Haberfeld

La familia Haberfeld

Antes de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto nazi, Oswiecim era una apacible localidad polaca situada en la rivera del Vístula; un lugar razonablemente próspero del que pocas personas fuera de Europa Central habían oído hablar y donde más de la mitad de sus 10.000 habitantes eran judíos.

Uno de estos lugareños era Alfons Haberfeld, propietario de la Fábrica de Licores y Vodka Jakob Haberfeld y uno de los empresarios más importantes de la localidad. No en vano, su negocio de bebidas espiritosas contaba con más de 130 años de trabajo a sus espaldas cuando estalló el conflicto armado.

La empresa familiar exportaba sus populares productos a lugares de toda Europa gracias al tren; el mismo transporte que, durante la Shoa, se utilizaría para trasladar a más de un millón de personas hasta su muerte.

botellas Haberfeld

Botellas de bebida de la Factoría de la familia Haberfeld. Colección de Miroslav Ganobis. 

Hasta la irrupción de las tropas nazis en Oswiecim, el matrimonio de los Haberfeld, figuras centrales de su comunidad local, llevaban un estilo de vida moderno y disfrutaban de gran comodidad económica. Tanto Alfons como su esposa Felicia se identificaban como judíos, pero no eran especialmente religiosos.

En 1939, ambos viajaron en barco a Nueva York para representar a su empresa en una importante Feria Mundial mientras que su pequeña hija, Franciszka Henryka, se quedó al cuidado de sus abuelos en la casa familiar.

Al término de la feria, el estallido de la Segunda Guerra Mundial acabó con la paz en Europa, cambiando para siempre el devenir la humanidad y, al mismo tiempo, el destino de millones de familias como la de los Haberfeld a quienes la terrible noticia sorprendió en su travesía de vuelta a Polonia.

Incapaces de sortear a las fuerzas nazis que ocuparon el territorio polaco y de regresar hasta Oswiecim, jamás volverían a ver a su hija de apenas 2 años de edad. Tras su deportación forzosa, la pequeña fue asesinada junto a su abuela en el campo de exterminio de Belzec en 1942.

Por su parte, el ejército alemán tomó la casa de los Haberfeld para usarla como cuartel general en la vieja Oswiecim que, durante la ocupación alemana, pasaría a ser conocido como Auschwitz y a alojar en sus terrenos el mayor y más letal de los campos nazis alemanes.