17 de enero, 1945 | Las marchas de la muerte de Auschwitz

17 de enero 1945

Las Marchas de la Muerte de Auschwitz

En enero de 1945, el Tercer Reich se encontraba al borde de la derrota militar. Las fuerzas soviéticas se extendían a través la Europa oriental, preparadas para repeler las huestes alemanas hacia el interior del Reich e invadir Alemania. 
 
Para entonces, el ejército soviético había hecho ya públicas las atrocidades nazis cometidas en Majdanek, liberado por sus tropas en julio de 1944. 
 
Por eso, las autoridades de la SS ordenaron a los comandantes de los campos de concentración evacuar a sus prisioneros, con un objeitvo principal: prevenir que los prisioneros cayeran en las manos de los aliados y aportaran más pruebas del Holocausto cometido por la Alemania nazi. 
 
Marchas de la muerte

Un grupo de prisioneros marcha desde Dachau hacia el interior del Reich. 

Así pues, entre el 17 y el 21 de enero, nueve días antes de que los soviéticos llegaran a Auschwitz, los nazis forzaron a 60.000 prisioneros, ya muy debilitados por el hambre y los malos tratos, a caminar en condiciones de total precaridad, sin la ropa adecuada ni comida, hasta nudos ferroviarios que se encontraban a más de 60 kilómetros. Desde allí, se ordenó su transporte hasta diferentes campos de concentración, muchas veces en vagones descubiertos.
 
Antes habían ya desmantelado gran parte de las instalaciones del complejo de campos y, con ello, destruido gran parte de las evidencias de los crímenes cometidos. 
 
Muy probablemente, fueron los propios prisioneros quienes designaron como “marchas de la muerte” a estas evacuaciones forzosas en las que debían recorrer largas distancias hacia otros campos en el interior del Reich, sin apenas alimentos y bajo las condiciones invernales extremadamente duras. 
 
De las 60.000 personas que fueron evacuadas en las marchas de la muerte de Auschwitz, se cree que unas 15.000 mujeres, hombres y niños murieron a causa de la extenuación, el hambre o condiciones climáticas extremas. Además, siguiendo órdenes explícitas, los guardias de la SS fusilaron a todos aquellos que no podían seguir el ritmo de la marcha, dejando un reguero de cadáveres a su paso. Muchos otros murieron en los campos a los que fueron enviados. 
Manta de Siegfried Fedrid

Esta manta expuesta actualmente en la exposición Auschwitz, en Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid, perteneció a un sastre austriaco, Siegfried Fedrid, que había nacido sordo, al igual que sus padres.

Cuando se evacuó Auschwitz, Siegfried fue uno de los 60.000 prisioneros obligados a andar hacia Alemania en condiciones meteorológicas atroces. Cogió esta manta en los instantes previos a su salida del campo por última vez. Como todos los prisioneros, estaba débil, cansado y tenía frío; lo lógico habría sido envolverse bien con la manta, pero Siegfried no hizo lo que era lógico. Optó por compartirla con otros prisioneros para ayudarles a sobrevivir los helados días y las gélidas noches de la marcha de la muerte.

Después de la guerra, cuando ya no quedaba ningún miembro de su familia en Viena, emigró a Nueva York donde conocería y se casaría con Doris Rosentrauch, otra superviviente del Holocausto que también era sorda.