Shofar original de Auschwitz se une a la exposición de Auschwitz en New York

Se une a la exposición ‘Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos’ en el Museum of Jewish Heritage – A living memorial to the Holocaust un Shofar, un cuerno de carnero utilizado como instrumento de viento tradicional en los servicios religiosos de las altas fiestas judías, que se ocultó y usó clandestinamente en Auschwitz hace 75 años. 

21 de Septiembre, New York, N.Y.– El Museum of Jewish Heritage – A Living Memorial to the Holocaust  ha presentado un shofar original de Auschwitz que formará parte de la aclamada exposición ‘Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos’, producida por la firma internacional de exposiciones Musealia y el Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau en Polonia, durante su estancia en Nueva York. El shofar, un cuerno de carnero utilizado como instrumento de viento tradicional en los servicios religiosos de las altas fiestas judías, fue utilizado clandestinamente en el campo de concentración alemán Auschwitz hace 75 años, con motivo del Rosh-Hashanah.

El shofar, que nunca había sido mostrado al público, se unirá a los más de 700 objetos originales y 400 fotografías de la exposición, que más de 100,000 personas ya han visitado desde su inauguración a principios de mayo. La exposición estará abierta al público en Nueva York hasta el 3 de enero de 2020. 

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Credit: Landon Speers for The New York Times

El shofar es un elemento esencial de las altas fiestas judías. Se toca en el Rosh Hashanah (Año Nuevo judío) y para finalizar el Yom Kippur (Día de la Expiación). El museo ha acordado transportar el shofar, que hasta ahora ha sido de exclusivo uso privado, a dos sinagogas del Upper East Side—Edmond J. Safra Synagogue (Congregación Beit Edmond) y Congregation Kehilath Jeshurun—durante Rosh Hashanah y Yom Kippur para que suene durante los servicios religiosos de las próximas semanas.

“Durante más de dos décadas el Museum of Jewish Heritage ha tratado de educar, informar e ilustrar, invitándonos a reflexionar sobre las atrocidades del pasado y de los acontecimientos del mundo que nos rodea hoy en día» declaró Bruce C. Ratner, Presidente de la Junta Directiva Museo. “Cada objeto de esta exposición cuenta una historia–de dolor, físico o espiritual–, y presentar este shofar en la cúspide de nuestras festividades pretende ilustrar que pueden existir ápices de esperanza incluso en los momentos más difíciles».

“Nos honra ser la primera institución abierta al público en mostrar este shofar utilizado durante el Holocausto y en relatar la historia de reistencia y libertad espiritual que esconde detrás» afirma Jack Kliger, Presidente y CEO del Museum of Jewish Heritage – A Living Memorial to the Holocaust.

Cada objeto de la exposición tiene su propio eco histórico, su propia voz. Este shofar trasladará a nuestros visitantes el sonido de la resistencia espiritual y dignidad, y los trazos de una historia que necesitamos escuchar hoy en día» añade Luis Ferreiro, Director de Musealia y de Auschwitz Exhibition.

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Dr. Judith Tydor Schwartz, the daughter of Mr. Tydor and an expert on the Holocaust, outside the Museum of Jewish Heritage. Credit: Landon Speers for The New York Times

Chaskel Tydor, superviviente de los campos de Auschwitz y Bunchenwald, pasó el shofar a su hija, la Dr. Judith Baumel-Schwartz, Directora de Finkler Institute of Holocaust Research y profesora del Departamento de Historia Judía y Judaísmo Contemporáneo en Bar Ilan University, en Ramat Gan, Israel.

“Mi modesto padre de poco más de 1’60, fue, a su vez, un hombre enorme que gracias a su posición como patrón de trabajo consiguió salvar cientos de vidas, probablemente más, en Auschwitz III-Monowitz durante sus años en los campos de concentración Nazi alemanes» declara la Dr. Baumel-Schwartz. “El shofar era un símbolo del poder de su creencia, que nunca abandonó durante sus años en Bunchenwald y Auschwitz, y de su resistencia espiritual. Siempre miraba hacia delante, nunca al pasado. Ayudó, animó y apoyó a todo el que pudo, otorgándoles esperanza por el futuro».

Era imposible conseguir un shofar dentro de un campo de concentración Nazi, y poseer cualquier objeto religioso podía ser castigado con pena de muerte. Eso no detuvo a un grupo de judíos observantes en el campo de Auschwitz III-Monowitz para tratar de conseguir uno con motivo de los servicios religiosos de las altas fiestas judías. Tydor era uno de los prisioneros responsables de organizar las unidades de trabajo en el campo; y durante el Rosh Hashanah, consiguió que muchos de sus compañeros fuesen a una unidad de trabajo lejos del epicentro del campo, donde el shofar pudiese sonar sin llamar la atención. Sin embargo, Tydor no asistió al servicio clandestino para no levantar ninguna sospecha por su ausencia. 

Más adelante contó a su hija: «Cuando me acerqué al prisionero que tenía que tener el shofar, él se negó. Probablemente temía confesárselo a nadie, porque estaba arriesgando su vida con ello”.

Tydor vio el shofar por primera vez cuatro meses después, a finales de enero de 1945, cuando él y cientos de prisioneros fueron obligados a salir de Auschwitz en las Marchas de la Muerte. Un prisionero, exhausto, se le acercó y le puso en las manos un objeto envuelto en un trapo: “Tenlo… Estoy demasiado enfermo como para sobrevivir, pero puede que tú lo consigas. Llévatelo. Enséñales que tuvimos un shofar en Auschwitz«.

Tydor sobrevivió la Marcha de la Muerte por la nieve hasta la localidad de Gleiwitz, donde se encontraban algunos sub-campos de Auschwitz. El shofar le acompañó hasta Buchenwald. La administración Nazi del campo, siendo consciente de que estaban perdiendo la guerra, bajó la guardia y dejó en mano de los prisioneros gran parte de la organización interna. En consecuencia Tydor pudo esconder el shofar en el trapo con su taza y cuchara. Consiguió guardarlo hasta su liberación, el 11 de abril de 1945, por las fuerzas armadas estadounidenses. 

Tras ser puesto en libertad Tydor consiguió forjarse una nueva vida. En el Rosh Hashanah de 1945, viajaba en barco hacia Palestina. Con la cordillera del monte Carmelo por testigo, Tydor hizo sonar el shofar para un grupo de jóvenes supervivientes–muchos de ellos de Auschwitz. Estaban a punto de llegar a la Tierra Prometida

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Mr. Tydor. Credit: Landon Speers for The New York Times

Chaskel Tydor falleció en 1993. Vio crecer a sus hijos, nueve nietos, numerosos bisniestos, y a su tataranieto, quien lleva su nombre. 

El shofar ha permanecido con la familia desde el Holocausto y nunca antes había sido mostrado en ningún museo ni institución. La Dr. Baumel-Schwartz visitó la exposición Auschwitz. Not long ago. Not far away. en Nueva York en la primavera del 2019, y tras una conversación con el Dr. Robert Jan van Pelt, comisario jefe de la exposición, inmediatamente consideró que la historia que escondía el shofar de su familia tenía que formar parte de la exposición.

“Desde que la exposición ‘Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos’ abrió sus puertas en Nueva York, los supervivientes del Holocausto y sus hijos han venido con objetos de Auschwitz y con increibles historias que esconden detrás” confiesa el Dr. Robert Jan van Pelt, historiador y comisario jefe de la exposición. “Su entusiasmo y predisposición en compartir las reliquias familiares, muestran que la exposición no pretende ser solo el resultado de años de investigación, sino también funcionar como epicentro de nuevos descubrimientos y revelaciones, y una oportunidad para reforzar y expandir la comunidad de personas dedicadas a construir el futuro de Auschwitz como memoria, conocimiento, y lección».

“Es shofar es un poderoso símbolo de resistencia espiritual, de desafío al opresor a base de preservar la integridad religiosa», insiste la Dr.Michael Berenbaum, miembro del equipo de curadores de la exposición de Auschwitz. “Dice la tracidión que el soplo del shofar está destinado a aclamar al cielo y suplicar piedad. El shofar se toca con un primer soplido seguido por otros tres más cortos, luego por nueve pequeños staccatos. El soplido final, el Tekiyah Gedolah, reproduce y restaura el total. Parece imposible imaginar cómo se sentían los prisioneros de Auschwitz, en los días más sagrados, en Año Nuevo, cuando la vida y la muerte se ponen en una balanza. Persistieron íntegros, pero su mundo estaba destrozado, absolutamente devastado. Solo podían soñar con la integridad, con la restauración, en el caso de que tuviesen la remota suerte de sobrevivir».