La música en Auschwitz: Louis Bannet

«La orquesta de Auschwitz causaba controversia entre los prisioneros. Por un lado, salvó a muchos músicos de realizar trabajos forzados y servía de ayuda emocional durante los ensayos y los conciertos de los domingos. Pero por otro lado, era objeto de humillación y terror, especialmente cuando los comandos regresaban de trabajar y los prisioneros, completamente agotados, tenían que entrar al campo al ritmo de marchas militares u otras melodías alegres. Además, el hecho de que hubiese una orquesta servía para confundir a las personas deportadas de toda Europa a Auschwitz sobre la verdadera naturaleza del campo”.

Piotr M. A. Cywiński, Dir. Auschwitz-Birkenau State Museum

Desde la formación de la primera banda en 1941 -integrada por cerca de 120 músicos polacos, checos, rusos y alemanes- en Auschwitz I, en el complejo de campos de Auschwitz llegaron a existir hasta seis orquestas de prisioneros; hombres y mujeres (a partir de 1943) deportados forzosamente desde diferentes puntos de Europa que, tras su llegada al campo, lograron alargar o, en el caso de los más afortunados, salvar su vida gracias a su extraordinario talento musical.

Virtuosos violinistas, acordeonistas, saxofonistas, etc., de todas las procedencias y etnias fueron seleccionados por la SS de entre los transportes que llegaban al campo, con un fin: formar parte de una de las bandas que, a diario, debían marcar el ritmo del paso de los comandos de trabajo forzado en su salida y regreso al campo, entretener a los oficiales alemanes amenizando veladas habitualmente realizadas las noches de los sábados o domingos (con el permiso de las autoridades del campo, a veces también para sus compañeros de encierro)y, ocasionalmente, tocar a la llegada de los trenes de deportación, para que los recién llegados no sospecharan y caminaran sin resistencia hacia las cámaras de gas.

Además, la orquesta, que por lo general obtenía los instrumentos  para desempeñar su labor de entre las pertenencias robadas por la SS a los deportados tras su llegada y almacenadas en Kanada, debía tocar también durante las ejecuciones y otros castigos públicos inflingidos sobre los prisioneros.

Grandes leyendas de la música europea como Anita Lasker-Wallfisch (cello), la judía francesa Fania Fénelon (piano y voz) o, entre otros, el compositor polaco Adam Kopycinski  integraron algunas de estas orquestas, a las que la exposición AUSCHWITZ. No hace mucho. No muy lejos., actualmente ubicada en el Museum of Jewish Heritage–A Living Memorial to the Holocaustde Manhattan (Nueva York), rinde homenaje mostrando al público la trompeta con la que el conocido como el “Louis Armstrong holandés”, Louis Bannet, logró salvar su vida en Auschwitz.

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Louis Bannet's trumpet part of the collection of the Museum of Jewish Heritage – A living Memorial to the Holocaust

Louis Bannet (Rotterdam, 15 de agosto, 1911– Toronto, 2002) fue un popular músico de jazz originario de los Países Bajos, donde sus coetáneos le conocían como el “Louis Armstrong holandés”; un título que el propio Armstrong aprobaría cuando ambos se conocieron a finales de 1930 en una jam session, al confesarle que: “Así que tú eres el Louis Armstrong holandés. Es un placer conocerte, yo soy el Americano”.

Cuando, en el verano de 1942, comenzaron las deportaciones de los judíos holandeses a Auschwitz, Louis decidió esconderse para permanecer a salvo. Aunque, tras un tiempo escondido, se aventuró a dar un pequeño paseo al aire libre; una decisión que le llevó a que un soldado nazi holandés, que resultó ser su admirador, le reconociera y lo entregara a la policía.

Un mes después Louis Bannet fue trasladado a Auschwitz, donde se convertiría en uno de los pocos deportados de este transporte que esquivó las cámaras de gas a su llegada. Allí, Hein Frank, un prisionero holandés que le admiraba profundamente, le tatuó el Nº 93626 en su brazo y, después, lo condujo hasta un pequeño edificio de madera donde se celebraba una audición para formar parte de la orquesta del campo. La habitación estaba llena de instrumentos de lado a lado, según contaría el propio Louis años más tarde.

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Louis Bannet with the trumpet that saved his life during his days at Auschwitz.

Allí, Frank le tendió una trompeta a Louis, quien, gracias a su interpretación del clásico de Louis Armstrong ‘Saint Louis Blues’, logró superar la prueba y convertirse en integrante de una de las orquestas masculinas del complejo de Auschwitz.

En adelante, Louis interpretaría junto a sus compañeros un repertorio compuesto en su mayoría de marchas militares y música clásica alemana y austríaca, fragmentos de ópera y operetas y baladas y danzas populares del momento. Asimismo, también tocaría algunas piezas de jazz bajo petición de los SS, a pesar de que este género musical era considerado “música degenerada” para el Tercer Reich; hasta el punto de constituir un motivo para la deportación a un campo nazi.

Bannet tocó la trompeta en Auschwitz hasta el final de sus días en el campo, en noviembre de 1944, cuando fue trasladado al campo de Ohrdruf. Se ató la trompeta a la cintura y la llevó consigo hasta su liberación en mayo de 1945.

Hoy, la trompeta de Louis Bannet forma parte de la colección de más de 700 objetos originales expuestos en  la exposición AUSCHWITZ. No hace mucho. No muy lejos., durante su estancia en el Museum of Jewish Heritage – A Living Memorial to the Holocaust, institución a la que Louis Bannet cedió el instrumento que le salvó la vida durante su tiempo en el mayor campo nazi alemán. 

Descubre más sobre las colecciones que forman parte de Auschwitz Exhibition en Nueva York: www.auschwitz.nyc.