Resiliencia y Esperanza en ‘Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos.’

Las conversaciones sobre la resistencia judía durante el Holocausto tienden a diluirse en referencias a actos heroicos que requirieron de una resistencia física, como la del levantamiento del Gueto de Varsovia. Aunque, sin desmerecer el valor inspirador de estos hitos históricos, hay otra forma de resistencia más ligada a la resiliencia que esconde una gran carga significativa: la de aquellos que se aferraron a sus creencias y tradiciones durante los años de guerra, a pesar de las dificultades.

El Amud Aish Memorial Museum, institución colaboradora de la exposición Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos. Durante su estancia en el Museum of Jewish Heritage de Nueva York, trata de reflejar la dificultad a la que se enfrentaron millones de judíos durante el Holocausto para cumplir con sus prácticas religiosas y mostrar otra cara de la persistencia de la comunidad judía en Auschwitz. 

Uno de los objetos más conmovedores que forma parte de la colección de Amud Aish Memorial Museum, desplegada en este nuevo destino de la exposición, es el pequeño tzitzit encontrado en la congregación Ansheo Chesed, en el gueto judío de Berehove, Hungría.

En 1944, en el último día del Pesach (la festividad judía que conmemora la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto), 12.000 judíos de Berehove y alrededores fueron trasladados al gueto a la fuerza. Entre ellos, se encontraba un niño con su su tzitzit. Se desconoce su nombre. De hecho, no se sabe nada de él; aunque, a pesar de esta ausencia de una historia personal, el tzitzit habla por sí solo.

Pertenecía a un niño varón, tal y como marca la tradición judía. Se puede deducir, por las fechas de las deportaciones húngaras, que este niño anónimo lo llevó en los últimos días, semanas y meses de su vida, ya que la política Nazi dictaminaba ejecutar a los menores judíos.

Los hombres, mujeres y niños judíos de Berehove fueron trasladados a Auschwitz en mayo de 1944; tras lo que el ochenta por ciento fue asesinado durante el Holocausto. 

Asimismo, la colección de Amud Aish mostrada al público en la exposición Auschwitz incluye un tzitzit adulto; una prenda que esconde una historia completamente diferente y que, al contrario que el tzitzit del menor, cuenta con nombre y apellido. 

Talit de Mendel Landau, de la colección de Amud Aish para la exhibición Auschwitz. Not long ago. Not far away.

Mendel Landau, originario de la localidad de Oświęcim (Polonia) pertenecía a la dinastía jasídica de los Bobover Chassid. A los 18 años trabajó como esclavo en los campos de Annanberg y Greiditz, en la construcción de Auschwitz I y a comienzos de 1944, tras años de duro trabajo esclavo, fue enviado de vuelta a Auschwitz en calidad de prisionero.

En 1944, los primeros transportes húngaros llegaron a Auschwitz. Landau reconoció a un judío húngaro entrando a su barracón y le pidió prestado su tzitzit, para orar y cumplir con la Mitzvah. Poniendo su vida en riesgo, Mendel Landau se puso el tzitzit, tras lo que un guarda se acercó y le apaleó.

El guarda arrojó el tzitzit empapado de sangre junto a la valla eléctrica, pero Landau consiguió rescatarlo. Cuando trató de devolvérselo a su dueño, este no lo aceptó por miedo a ser castigado de la misma manera. Mendel Landau guardó el tzitzit durante su reclusión en Auschwitz, así como una de las marchas de la muerte desde la Polonia ocupada hacia el interior del Reich.

De hecho, además de llevarlo puesto cuando finalmente fue liberado del campo de concentración de Dachau el 28 de abril de 1945, Landau conservó este tzitzit hasta el último de sus días, en el Erev Rosh Hashana de 2008.

Mendel Landau (derecha) con el rabino y superviviente del Holocausto Shlomo Halberstam.

Berish Erlich era el séptimo de los ocho hermanos de una conocida familia ortodoxa de Varsovia, que consiguió pasar los primeros días del gueto escondida en un ático; aunque, tras conseguir guarecerse en otro lugar, su escondite fue revelado por un vecino a la Gestapo.

De las 26 personas refugiadas en el ático 24 fueron asesinadas, quedando solo con vida Berish Erlich, de 15 años, y su padre, con el único propósito de obligarles a trasladar los cadáveres hasta la calle. Después, el padre de Berish fue trasladado a Treblinka, donde la SS lo asesinó. Por su parte, Berish permaneció en el gueto hasta el levantamiento del gueto de Varsovia y más adelante fue trasladado a los campos de Madjanek, Auschwitz, Sachsenhausen y, finalmente, Ohrdruf.

Como otros muchos supervivientes de los campos de concentración,  tras el fin de la guerra Berish Erlich encontró amparo en la comunidad judía congregada en los campos para refugiados que se establecieron en Alemania, Austria e Italia.

Durante su estancia en el campo de Landsberg, en la zona ocupada por los Americanos, Berish Erlich se convirtió en miembro del Consejo Rabínico de Landsberg, además de mediar entre los refugiados y las autoridades militares americanas, hasta el punto de ser conocido como melitz yosher, defensor de la comunidad judía.

El testimonio de los supervivientes del Holocausto, ya sea en diarios, memorias o relatos audiovisuales, es esencial para enriquecer la evidencia histórica. Berich Erlich sobrevivió al gueto de Varsovia y Auschwitz y dejó constancia de ello en las memorias que escribió durante sus clases de inglés en Landsberg, en inglés, yiddish y alemán, sobre un libro de cuentas del Ejército Americano.

En el interior de la portada, Berish agradece a su profesor de inglés por alentarlo a plasmar su experiencia. Escribió desde una perspectiva distante y objetiva, como mero testigo. No hay referencias a experiencias personales, aunque describe situaciones extremas en las que su sufrimiento físico está implícitamente incluido. Su relato es crudo, sin florituras. Se enfrenta a los horrores como si los enumerara para juicio.

Cuando reflejamos el significado de estos objetos tan diferentes, encontramos una fuerte conexión con la temática que traslada la exhibición Auschwitz. Not long Ago. Not far Away en el Museum of Jewish Heritage de Nueva York.

Los tres objetos están ligados a las prácticas Haláchicas judías, como revela la carga significativa de ambos tzitzit o la técnica descriptiva de las memorias de Berish Erlich, relatadas como si fuesen a mostrarse ante una corte religiosa, un B’het Din, un lugar donde apelar por la justicia divina. La huella histórica y religiosa de estos objetos es lo más significativo para los visitantes ortodoxos de esta exhibición, ya que unen el pasado y el presente (“No hace mucho. No muy lejos”) a través de creencias y conductas culturales que han perdurado en el tiempo y nos revelan un nuevo prisma del que analizar la resiliencia de la comunidad judía durante los largos años del Holocausto.

 

Este artículo ha sido escrito por el equipo de Amud Aish Memorial Museum. Todos los derechos reservados.