Vidas robadas en Auschwitz. Czesława Kwoka.

Las víctimas de Auschwitz

Czesława Kwoka

El 13 de diciembre de 1942, soldados nazis invadieron el condado de Zamosc, Polonia, desalojaron cerca de 300 aldeas y enviaron a las más de 116.000 personas que habitaban estas tierras a los campos de Zwierzyniec, Auschwitz o, entre otros, Majdanek.

Esta operación supuso la puesta en marcha del “Generalplan Ost” o Plan General del Este, cuyo cometido era deportar y exterminar a 50 millones de eslavos, con el fin crear un “Lebensraum” o espacio vital alemán, donde habría de instalarse una colonia agraria formada por civiles arios.

En uno de estos transportes se encontraba Czesława Kwoka, la asustada y golpeada niña retratada en la imagen inferior.

Czeslawa_Kwoka_-_Brasse

Nacida el 15 de agosto de 1928 en la pequeña aldea polaca de Wólka Zlojecka, Czesława creció en el seno de una familia católica, hasta que el 13 de diciembre de 1942 fue transportada junto a su madre a Auschwitz y convertida en prisionera del campo nazi alemán.

“Era muy joven y estaba tan aterrorizada. La niña no entendía por qué estaba allí y no podía entender lo que le decían. Entonces una mujer, Kapo, tomó un palo y la golpeó en la cara”, contaría años después Wilheim Brasse, el reo polaco a quien los nazis confiaron la tarea de fotografiar a aproximadamente 40000-5000 recién llegados al campo de concentración, inexorablemente condenados a muerte.

“Antes de tomar la fotografía, la niña se secó las lágrimas y se quitó la sangre del corte en el labio. Siendo sincero, sentí como si me estuvieran golpeando a mí mismo, pero no pude interferir. Hubiera sido fatal para mí”.

Wilheim Brasse, fotógrafo y prisionero de Auschwitz

Tan solo unos meses después de su ingreso en el campo, el 12 de marzo de 1943, Czesława Kwoka moriría, convirtiéndose en una de los aproximadamente 230.000 niños y niñas asesinados en Auschwitz.

Por su parte, Brasse ignoraría la orden de la SS recibida en enero de 1945 de destruir inmediatamente todas las fotografías tomadas a los prisioneros y otra documentación relativa, con un fin: conservar y mostrar al mundo las evidencias de las atrocidades cometidas en Auschwitz y evitar que, pese al intento de sus asesinos, vidas como la de la joven niña Czeslawa Wólka nunca caigan en el olvido.